El gobernador de Florida, Ron DeSantis, de fe católica, y el miembro de mayor rango de la Iglesia católica en el estado, arzobispo de Miami, Thomas Wenski, protagonizan un enfrentamiento en torno a si hay que disuadir o acoger a los niños migrantes que se presentan sin compañía de un adulto en la frontera entre Estados Unidos y México.

Wenski, y otros líderes religiosos le han implorado al gobernador que reconsidere una orden que suspende las renovaciones de licencias estatales para albergues que reciben a niños migrantes sin compañía de un adulto, ya que señalan que estos menores son vulnerables. El gobernador DeSantis ha dicho que quiere disuadir el tráfico de personas y acusa al gobierno federal de no ser lo suficientemente estricto en el combate a la inmigración ilegal.

La disputa tomó mayor relevancia cuando una portavoz de DeSantis tuiteó sobre un comentario de Wenski durante una reciente conferencia de prensa, en la que el religioso afirmó que el gobernador se había referido a los niños migrantes que se presentan en la frontera sin compañía de un adulto como “repugnantes”, cuando el gobernador no dijo eso.

Mentir es un pecado”, tuiteó el martes la secretaria de prensa de DeSantis, Christina Pushaw, mostrando un anuncio que incluía una fotografía de Wenski. Eso desató airadas respuestas en internet de simpatizantes de Wenski, quien ha resaltado que la medida de DeSantis cerraría un albergue gestionado por las Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Miami, que originalmente fue creado para brindar atención a refugiados cubanos menores de edad. El arzobispo ha argumentado que los niños que han llegado en años recientes procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador no son distintos a los niños cubanos que fueron enviados por sus padres hace 60 años por miedo a que fueran adoctrinados por el nuevo gobierno comunista de Fidel Castro.

DeSantis participó la semana pasada en una mesa de debate con simpatizantes cubanos y rechazó las comparaciones con el éxodo de casi 14.000 menores cubanos en la década de 1960.

“Francamente, comparar lo que está sucediendo en la frontera sur con el tráfico de personas a gran escala, los ingresos ilegales, las drogas y todas estas cosas con la Operación Pedro Pan es repugnante. Está mal, no está ni de cerca de ser lo mismo”, dijo DeSantis. “Ellos estaban escapando de una dictadura comunista que los perseguía. Esos no eran inmigrantes ilegales”.

Días después, Wenski estuvo en una conferencia de prensa junto a otros líderes empresariales y exiliados cubanos en la que criticó a DeSantis, y erróneamente dejó entrever que el gobernador se había referido a los niños migrantes como repugnantes.

“Este es un nuevo punto bajo de la política de suma cero de nuestros tiempos divisivos”, dijo Wenski. “Los niños son niños, y ningún niño debería ser considerado repugnante, especialmente por parte de un servidor público”.

Las instalaciones que corren el riesgo de perder sus permisos forman parte de un programa financiado con fondos federales para menores que por lo general llegan a la frontera entre Estados Unidos y México sin la compañía de sus padres y los reúnen con familiares que ya están en el país.

Los niños tienen que buscar asesoría por sí solos, pero pueden presentar sus casos ante un juez de inmigración, quien decide si son elegibles para asistencia legal. Un reporte del Servicio de Investigación del Congreso difundido en septiembre pasado resaltó que son muchos factores los que obligan a los niños a migrar, incluyendo la falta de empleo, la presencia de pandillas, la corrupción, así como las tormentas tropicales y la inseguridad alimentaria.

DeSantis emitió la orden señalando que no quería involucrarse con un programa federal que alienta al tráfico de menores que viajan sin sus padres.

Durante el gobierno del presidente George W. Bush, el Congreso transfirió la atención y custodia de los niños menores de las autoridades migratorias al Departamento de Salud y Servicios Humanos, el cual dirige una red de albergues gestionados en su mayoría por organizaciones sin fines de lucro a fin de brindar un ambiente menos restrictivo para los menores de edad.

 

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